Un saludo para Don Julio, veo su influjo en este texto.
Se empieza por querer estar del otro lado de la puerta. También se puede estar molesto y simplemente no querer estar de este lado. Aún no se comprobó que se den las dos necesidades juntas. Si la inquietud es débil uno no se mueve, o se mueve de otra manera: cruzando la puerta imaginariamente para volver inconforme y no repetirlo de una manera corporal.
Cuando la intención de cruzar es fuerte, nos hacemos cargo de nuestro cuerpo y lo hacemos caminar hacia el arco de la puerta. La habitación que está siendo abandonada va perdiendo realidad a medida que salimos de ella. El corto lapso claustrofóbico da lugar al alivio del nuevo habitáculo. Se verá que si se inclina la cabeza hacia adelante el proceso es menos traumático.
Cuando no se quiere estar de este lado de la puerta pero aun no se ha decidido por la habitación siguiente se aconseja no moverse. Es mejor madurar la decisión en un lugar firme y amplio que ubicarse a mitad de camino, donde el techo baja y las paredes se acercan entre sí para apurar al cruzador. Se evitan así esa clase de terremotos que se desatan sólo bajo los marcos de las puertas.
El mensaje de las construcciones es claro: no se puede no estar en ningún lugar. Si insiste sobre esto, hágase guardia, patovica o portero. Oficios éstos que obligan a uno a situarse en el umbral (es decir: ningún lado) y dan la potestad de decidir quién cruza y quien no. Por esta razón es que usted no podrá cruzar ninguna puerta pues ya están todas ocupadas con gente dudosa devenida en guardias.
Cuando la intención de cruzar es fuerte, nos hacemos cargo de nuestro cuerpo y lo hacemos caminar hacia el arco de la puerta. La habitación que está siendo abandonada va perdiendo realidad a medida que salimos de ella. El corto lapso claustrofóbico da lugar al alivio del nuevo habitáculo. Se verá que si se inclina la cabeza hacia adelante el proceso es menos traumático.
Cuando no se quiere estar de este lado de la puerta pero aun no se ha decidido por la habitación siguiente se aconseja no moverse. Es mejor madurar la decisión en un lugar firme y amplio que ubicarse a mitad de camino, donde el techo baja y las paredes se acercan entre sí para apurar al cruzador. Se evitan así esa clase de terremotos que se desatan sólo bajo los marcos de las puertas.
El mensaje de las construcciones es claro: no se puede no estar en ningún lugar. Si insiste sobre esto, hágase guardia, patovica o portero. Oficios éstos que obligan a uno a situarse en el umbral (es decir: ningún lado) y dan la potestad de decidir quién cruza y quien no. Por esta razón es que usted no podrá cruzar ninguna puerta pues ya están todas ocupadas con gente dudosa devenida en guardias.
9 comentarios:
Si parto por el norte, muy pronto por el sur te sorprenderé!
excelenteeeee
saludos
según parece, te parten de varios puntos cardinales...yo por ahora mantengo mi sur sanito.
Si si si ...
y Kafka también
pero por sobre todo
un Andrés auténtico!
un claro exponente de la literatura cruzagramística
P.D.: se lo agregamos al Manual de instrucciones en Cronopios y famas?
Publicar un comentario en la entrada